El punto de partida es que la educación no es completamente neutra. Además de aquello que aparece de manera explícita en el currículo, existe un currículo oculto formado por actitudes, valores, relaciones y comportamientos que se transmiten en la vida cotidiana de los centros. Por ello, la guía propone revisar no solo qué enseñamos, sino también cómo lo hacemos, qué referentes ofrecemos, quién ocupa los espacios, qué voces escuchamos y qué expectativas transmitimos al alumnado.
Para ayudar en esta tarea, la publicación propone un decálogo de buenas prácticas. Entre sus propuestas encontramos incorporar el género como elemento del currículo, favorecer la formación del profesorado en igualdad, revisar los libros de texto y materiales didácticos, desarrollar una docencia que fomente la participación y el pensamiento crítico, repensar los espacios educativos, recuperar las aportaciones históricas de las mujeres y aplicar la perspectiva de género también a la orientación académica y profesional.

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