Los estudios muestran que las diferencias no se deben a una menor capacidad de las niñas, sino a factores relacionados con los estereotipos de género, las expectativas sociales y determinadas prácticas educativas. De hecho, las evidencias indican que niños y niñas comienzan la escolaridad con niveles muy similares en matemáticas, pero la brecha empieza a aparecer pocos meses después de iniciar la Educación Primaria.
Además, las investigaciones revelan que las niñas continúan estando infrarrepresentadas entre el alumnado con los mejores resultados matemáticos y, al mismo tiempo, aumentan los casos en los que presentan dificultades en esta materia. Esta situación puede acabar influyendo en sus futuras elecciones académicas y profesionales, especialmente en ámbitos STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas).
La buena noticia es que existen estrategias eficaces para revertir esta tendencia. El aprendizaje cooperativo, la resolución de problemas en grupo, una evaluación menos competitiva, la formación del profesorado en igualdad y la visibilización de referentes femeninos en las matemáticas y la ciencia han demostrado ser medidas capaces de reducir la brecha de género sin perjudicar el rendimiento de los niños.
Para el profesorado, estos resultados constituyen una invitación a reflexionar sobre cómo se enseñan las matemáticas y sobre la importancia de crear entornos de aprendizaje que refuercen la confianza y las expectativas de éxito de todo el alumnado. La igualdad en STEM no depende del talento, sino de las oportunidades, los referentes y las experiencias educativas que ofrecemos desde las primeras etapas escolares.
Podéis consultar para más detalles la publicación de FUNCAS elaborada por Ismael Sanz a través de este enlace:
https://www.funcas.es/wp-content/uploads/2026/06/Educacion-y-equidad-de-genero_1.pdf















